La Copa Africana de Naciones (CAN) 2025 ha sido, para Marruecos, mucho más que una competición deportiva. La organización de este torneo ha servido como un ensayo general de las medidas de seguridad que el país planea aplicar para el Mundial de la FIFA 2030, que coorganizará con España y Portugal. Este despliegue sin precedentes ha incluido unidades especializadas —brigadas cinotécnicas, cuerpos de caballería, patrullas urbanas reforzadas— y, por primera vez a esta escala, una cobertura sistemática con drones, que ha permitido una vigilancia aérea continua en estadios, zonas de afluencia masiva y ejes de transporte. La logística ha acompañado este despliegue. Ha funcionado como una demostración integral de capacidad estatal, un ejercicio de planificación estratégica y un escaparate del modelo de seguridad y gobernanza que Marruecos busca proyectar a escala global de cara al Mundial de 2030. Las autoridades marroquíes concibieron la CAN como una prueba realista: un evento de alta exposición mediática, con flujos masivos de público y delegaciones internacionales, y con exigencias comparables a las de un Mundial. La histórica actuación de la selección en el Mundial de Catar 2022, la organización de la CAN 2025 y la designación como sede del Mundial 2030 forman parte de una misma lógica: posicionar a Marruecos como un puente fiable entre África, Europa y el mundo árabe. La Copa Africana de Naciones ha confirmado esa ambición. Tecnología avanzada, cooperación internacional y una estrategia de diplomacia deportiva impulsada por Su Majestad el rey Mohammed VI sostienen la aspiración de Marruecos de consolidarse como actor central en el fútbol y la geopolítica del siglo XXI. Detrás del fervor popular, los estadios llenos y la impecable logística visible para millones de telespectadores, se desplegó un entramado de seguridad de una sofisticación inédita en el continente africano. Desde el inicio del torneo, la normalidad en las calles de Casablanca, Rabat, Marrakech o Tánger no fue fruto de la improvisación, sino de una preparación prolongada y deliberada. Con motivo del torneo se activó un Centro Africano de Cooperación Policial que reunió a servicios de seguridad de los países participantes, responsables de la CAF y la FIFA, y enlaces de organismos internacionales. En un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la desconfianza, Marruecos proyectó una imagen de estabilidad, previsibilidad y competencia estatal. La consigna fue clara: anticipar riesgos, integrar tecnología y reforzar la cooperación internacional. El corazón del dispositivo fue la coordinación entre la Dirección General de Seguridad Nacional (DGSN) y la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), bajo un mando centralizado que reflejó una doctrina de control estricto y supervisión directa. La seguridad se concibió como una capa invisible, diseñada para garantizar el espectáculo sin interferir en la experiencia del público. El factor humano fue igualmente decisivo. El objetivo no fue solo prevenir delitos, sino también evitar incidentes logísticos que pudieran empañar la imagen del país. Los estadios se transformaron en espacios de seguridad integral. La cooperación con Interpol ocupó un lugar central, tanto en el intercambio de información como en la prevención de amenazas transnacionales asociadas a grandes eventos deportivos. Fue un éxito popular, organizativo, diplomático y mediático. En ese tablero, la seguridad —discreta, eficaz y altamente profesionalizada— se ha convertido en una de sus principales cartas. Este aspecto es clave de cara a 2030, cuando el volumen de visitantes será muy superior al de la CAN. Uno de los rasgos más relevantes del operativo fue su dimensión internacional. La DGSN aceleró un proceso que excede la CAN: renovación de infraestructuras, actualización de protocolos y una inversión masiva en sistemas de vigilancia y análisis en tiempo real. Una flota ampliada de vehículos policiales, equipada con sistemas de comunicación avanzada, reforzó la presencia territorial. Las principales ciudades anfitrionas quedaron cubiertas por una extensa red de cámaras inteligentes, integradas en centros de comando capaces de monitorear flujos de personas, detectar comportamientos anómalos y gestionar multitudes con criterios predictivos. La implicación personal de Abdellatif Hammouchi, responsable de ambos organismos, simbolizó esa apuesta por reducir al mínimo los márgenes de error en un contexto de máxima visibilidad internacional. La modernización previa al torneo fue profunda y estructural. Miles de agentes fueron movilizados, incluidos varios miles de nuevos efectivos formados específicamente en gestión de grandes concentraciones, atención a público internacional y técnicas de desescalada. Incluso la identidad visual de parte de estos medios incorporó la lengua amazigh, un gesto simbólico que combinó modernización institucional y reconocimiento cultural, en línea con la narrativa de un Estado inclusivo y contemporáneo. El control comenzó, además, mucho antes del pitido inicial. En aeropuertos y fronteras, Marruecos generalizó el uso de sistemas biométricos E-GATE, destinados a agilizar el ingreso de aficionados extranjeros sin relajar los estándares de seguridad. Cada estadio contó con comisarías permanentes, salas de coordinación interinstitucional y dispositivos de control de accesos que combinaron inspecciones físicas y sistemas electrónicos avanzados.
Marruecos realiza una operación de seguridad sin precedentes en la Copa Africana de Naciones
La organización de la Copa Africana de Naciones 2025 en Marruecos sirvió como ensayo general para las medidas de seguridad del Mundial de 2030. El país demostró capacidades estatales integrales, utilizando tecnología avanzada y cooperación internacional para garantizar la seguridad y fortalecer su imagen a nivel mundial.