La diplomacia marroquí suma en las últimas semanas nuevos respaldos de peso a su propuesta de autonomía para el Sáhara, un plan presentado en 2007 ante la ONU que, con el tiempo, ha ganado apoyos en Europa, América Latina y África. Las posiciones de Suecia, Bolivia y la Unión Europea refuerzan una tendencia que Rabat interpreta como la consolidación definitiva de su iniciativa como la única solución «realista, seria y mutuamente aceptable» a un conflicto heredado de la Guerra Fría. Para Marruecos, estos apoyos no son episodios aislados, sino parte de una arquitectura diplomática construida mediante acuerdos estratégicos, cooperación económica, inversiones en infraestructuras y una política africana activa que ha reposicionado al Reino como un actor dinámico del continente. El contencioso del Sáhara, que se remonta a la retirada española en 1975, ha sido redefinido por un nuevo contexto internacional centrado en la estabilidad y el desarrollo. Ahora, Marruecos se presenta como un puente entre Europa, América y África, un socio fiable en materia de seguridad y migración. La propuesta de autonomía, que garantía amplias competencias bajo soberanía marroquí, es vista por sus aliados como la única vía pragmática para resolver un conflicto que ha permanenido estancado durante décadas por la intransigencia del Frente Polisario. Cada nuevo respaldo internacional, como el de Suecia —un país tradicionalmente cercano a la tesis del Polisario— o el de Bolivia, refuerza la posición negociadora de Rabat y consolida su narrativa de que el conflicto entra en una fase de resolución política. El avance de esta iniciativa, clave para la política exterior marroquí, es inseparable de la estrategia de Mohammed VI, que ha impulsado una diplomacia multidimensional para situar a Marruecos como un actor central en la escena global.
Marruecos refuerza su posición en el diplomático conflicto del Sáhara
La iniciativa de autonomía de Marruecos para el Sáhara gana fuerza con nuevos apoyos de Suecia, Bolivia y la UE. Rabat ve su plan como la única solución realista a un conflicto heredado de la Guerra Fría, posicionándose como un puente fiable entre continentes.