Tres décadas después, ambas partes coinciden en que el marco sigue siendo válido, pero necesita una actualización acorde con los nuevos desafíos geopolíticos, energéticos y de seguridad. Marruecos se ha consolidado como socio privilegiado en la gestión migratoria, como destino prioritario de inversiones europeas y como referente regional en energías renovables. La iniciativa encaja con las preocupaciones europeas sobre el Sahel, el Golfo de Guinea y las rutas marítimas estratégicas, y refuerza la percepción de Marruecos como proveedor de estabilidad regional. La reunión de Bruselas coincidió con el 30º aniversario del Acuerdo de Asociación UE-Marruecos, firmado en 1996. Al respaldar la autonomía como solución “realizable” y reconocer el papel del rey Mohammed VI en la estabilidad regional, Bruselas envía un mensaje político inequívoco: la relación con Marruecos ya no se limita a la cooperación técnica, sino que se asienta sobre una convergencia estratégica cada vez más explícita. En un Mediterráneo atravesado por crisis superpuestas, la UE parece haber optado por reducir ambigüedades y apostar por quienes ofrecen previsibilidad. Por primera vez, los Veintisiete han asumido de forma explícita que el plan marroquí de autonomía para el Sáhara constituye una de las soluciones “más realizables” al conflicto, al tiempo que han reconocido el papel del rey Mohammed VI como actor central en la estabilidad de Oriente Próximo. Pero su relevancia va más allá de la literalidad del texto: traduce el consenso político de los 27 Estados miembros y fija un nuevo marco de referencia para el debate europeo sobre el Sáhara. Hasta ahora, el apoyo al plan marroquí se había expresado de forma fragmentaria, país por país. Al asumir que “una autonomía verdadera podría representar una de las soluciones más realizables” al conflicto del Sáhara, la UE abandona la equidistancia retórica y se sitúa, por primera vez de forma colectiva, en el terreno de las soluciones concretas. La declaración, firmada por el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, y la alta representante de la UE para Política Exterior y de Seguridad, Kaja Kallas, recoge la exhortación del Consejo de Seguridad de la ONU a avanzar en negociaciones “sin condiciones previas” sobre la base del plan de autonomía presentado por Rabat. Para Rabat, el respaldo europeo se inscribe en una estrategia diplomática de largo aliento impulsada personalmente por el rey Mohammed VI. La guerra en Ucrania, la inestabilidad persistente en el Sahel y la presión migratoria en el Mediterráneo han llevado a la UE a priorizar socios previsibles y estables en su vecindad sur. Marruecos, gracias a una diplomacia paciente y sostenida desde el trono, emerge así no solo como vecino, sino como socio central del nuevo equilibrio euro-mediterráneo. La UE también valoró positivamente la Iniciativa para los Estados Africanos Atlánticos, lanzada por Rabat en 2022, que reúne a 23 países ribereños con el objetivo de estructurar el Atlántico africano como un espacio de cooperación, seguridad y codesarrollo.
UE y Marruecos: 30 años de asociación y un nuevo ciclo político
Con motivo del 30º aniversario del Acuerdo de Asociación, la UE respalda por primera vez el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara, marcando un punto de inflexión político y consolidando a Rabat como socio estratégico clave en el Mediterráneo.